| Dossiers de Psquiatría
Las crisis de pánico, dentro del espectro de los trastornos de ansiedad, se caracterizan por su presentación súbita e inesperada, como si surgieran de la nada, y por su intensidad.
La clasificación DSM III revisada aporta una lista de 14 síntomas entre los que se encuentran varios pertenecientes al ámbito de la ansiedad somática y 2 al de la ansiedad cognitiva:
1. Miedo a morir. 2. Miedo a hacer algo incontrolado o volverse loco. Otra característica de las crisis de pánico es la aparente no correspondencia a cualquier clase de estímulo generador. Existen, actualmente, teóricos que investigan el fenómeno de las crisis de pánico con modelos unidimensionales ya que estamos en los principios de nuestro conocimiento. Una gran parte de la investigación proviene de las aportaciones de los teóricos biologistas. No nos detendremos aquí, pero, resumiendo, vienen a decir que el trastorno está ligado a una desregulación biológica como deficiencia en los receptores alpha-2 que provocarían brotes súbitos de noradrenalina, o bien una anormalidad situada en el locus ceruleus, o también una sensibilidad demasiado elevada a nivel central al dióxido de carbono. Otros teóricos –cognitivistas- parten de la base de que las sensaciones somáticas con fundamento biológico, por supuesto, son interpretadas de un modo dramático o catastrófico, llevando esto a una espiral que desencadenaría subsiguientes crisis de pánico. CONDICIONAMIENTO INTEROCEPTIVO Si bien el condicionamiento ha sido ampliamente investigado en el caso de la fobia y la agorafobia, no lo ha sido en la misma medida en el caso del fenómeno del pánico. Los investigadores rusos fueron los que hace años llevaron a cabo experimentos en los que demostraban que el miedo podía condicionarse a estímulos “interoceptivos”. Una línea de investigación (Razran, 1961) es que utilizó una ligera estimulación en el colon de un perro (estímulo condicionado) al mismo tiempo que se administraba un choque eléctrico. Como resultado de este procedimiento de condicionamiento el perro empezó a evidenciar signos de intensa ansiedad al paso de las heces. Los rusos demostraron que este tipo de aprendizaje era particularmente resistente a la extinción. Es decir, persistía indefinidamente a pesar de la repetición de las sensaciones fisiológicas en ausencia del estímulo incondicionado (choque). La implicación de estos datos experimentales es que se puede aprender una asociación entre señales internas y crisis de ansiedad o ‘falsas alarmas” y que, en consecuencia, estas señales internas pueden tener el mismo efecto en los pacientes con pánico o agorafobia con pánico que un perro a un fóbico a los perros. Esto, por tanto, puede llevar a una “alarma aprendida”. Además, una característica de cualquier respuesta aprendida es que no tiene que ser exactamente igual a la original. Por ejemplo, un número reducido de proposiciones generadoras de miedo pueden desencadenar la emoción. Por eso, las “alarmas aprendidas” pueden ser solamente respuestas parciales, tales como representaciones cognitivas sin un componente fisiológico marcado. Una persona que muestra alarma o “falsa alarma” en un ascensor estará excesivamente pendiente de cualquier plan que incluya ascensores en su futuro inmediato. Y alguien, a su vez, que haya aprendido a asociar señales interoceptivas con “falsas alarmas” estará sumamente sensible y vigilante respecto a las señales somáticas específicas relacionadas con ellas. Condicionamiento interoceptivo C.P: Crisis de pánico T.C: Taquicardia E.I: Estímulo incondicionado E.C: Estímulo condicionado R.C: Respuesta condicionada
Modelo de la etiología del pánico (Barlow, D.H., 1988)
Tratamientos específicos para el pánico El desarrollo de mayor especificidad en el tratamiento del pánico se deriva de la conceptualización del trastorno por pánico como una reacción de tipo fóbico a las sensaciones somáticas asociadas al pánico y/o sus consecuencias percibidas. LA EXPOSICIÓN INTEROCEPTIVA La extremada sensibilidad y temor a las señales interoceptivas en el pánico pueden derivarse de un condicionamiento interoceptivo. El tratamiento basado en este modelo implica la exposición repetida a las sensaciones físicas. El propósito es, al igual que en el caso de la exposición a los estímulos fóbicos externos, el romper las asociaciones entre las señales específicas y las reacciones de pánico. El procedimiento terapéutico incorpora métodos que inducen síntomas relacionados con las crisis de pánico, tales como el ejercicio físico, inhalaciones de dióxido de carbono (CO2) e hiperventilación. A esto se le conoce como exposición interoceptiva. Los primeros trabajos que informan de esta técnica (Orwin, 1973d) introducen la noción de terapia de la carrera, inhalación de CO2, con la idea de que la falta de aire inhibiría la respuesta de ansiedad. Otros estudios de la misma época (Bonn, 1973) dan cuenta del uso de la exposición interoceptiva como una forma de tratamiento aunque no incluyen medidas fiables de los resultados. En este estudio se utilizaban infusiones de lactato sódico. El tratamiento descrito en el protocolo del proyecto de investigación del Center for Stress and Anxiely Disorders que dirige D. Barlow en los U.S.A. recalca las siguientes implicaciones que trae consigo el condicionamiento interoceptivo en la crisis de pánico: 1. El pánico puede ocurrir en respuesta a señales internas muy sutiles o sensaciones físicas que pueden presentarse en cualquier momento. 2. La ocurrencia del pánico por razones no inmediatamente aparentes puede desembocar en una mala interpretación e intensificación del miedo. 3. Las actividades que producen sensaciones asociadas con la activación del sistema nervioso autónomo (p. Ej. excitación sexual, ejercicio físico fuerte, entusiasmo, etc.) pueden ocasionar una reacción condicionada de pánico. 4. Las actividades que promueven una focalización en sensaciones (p. Ej. observar el vapor de la respiración en el aire frío, o sudar en una sauna) pueden igualmente desembocar en una reacción condicionada de pánico. Además del tratamiento de exposición interoceptiva, el proyecto incluye otros dos tratamientos con el fin de evaluar la eficacia de cada uno. Por eso, se subraya que el terapeuta haga énfasis en tres técnicas utilizadas: Aprender a controlar la respiración para eliminar los síntomas (entrenamiento en respiración). Poseer información adecuada sobre la ansiedad y el pánico, así como entrenarse para dirigir los pensamientos hacia una correcta interpretación de las sensaciones corporales (reestructuración cognitiva). La inducción controlada y repetida de las sensaciones físicas para debilitar la respuesta emocional ante ellas (condicionamiento interoceptivo). Nosotros no estamos haciendo un estudio controlado y por eso podemos utilizar la técnica por la que tengamos mayor afinidad. Por eso utilizamos la exposición interoceptiva junto a la información, que podría considerarse una aportación cognitiva. Procedimiento de la exposición interoceptiva Después de introducir el concepto de Condicionamiento Interoceptivo se advierte al paciente que comenzará por una serie de ejercicios que se harán entre las sesiones y que perseguirán la inducción de las varias sensaciones. Después, siguiendo el mismo principio, se practicarán actividades más naturales para provocar las mismas sensaciones. Para evaluar el tratamiento se recurre al auto-informe y se solicita del paciente que registre las sensaciones, su intensidad y su similitud con los síntomas que experimenta cuando está ansioso. Los ejercicios utilizados durante las sensaciones se pueden dejar a merced del ingenio del terapeuta, pero en el Centro se han utilizado las siguientes: Mover la cabeza de lado a lado durante 30 segundos. Tensión muscular completa durante 1 minuto. Aguantar la respiración durante 1 minuto. Dar vueltas en una silla giratoria durante 1 minuto. Hiperventilación durante 1 minuto. Para realizar la exposición interoceptiva hay que seleccionar los ejercicios que han sido evaluados con puntuación mayor que 3, en la escala de 0 a 8. Se debe empezar por el menos ansiógeno. Una vez el paciente empieza a experimentar sensaciones debe levantar el brazo y continuar el ejercicio 30 segundos más (o 10 segundos en el caso del movimiento de cabeza o el de aguantar la respiración) se le recomienda, después, que aplique la técnica de control respiratorio, así como las estrategias cognitivas para manejar su ansiedad. Al final, el paciente, tiene que valorar la intensidad de la sensación, así como la intensidad de la ansiedad en una escala de 0 a 8. Se advierte a los terapeutas que ningún ejercicio debería tardar más de 3 minutos. Si el paciente no reproduce las sensaciones esperadas, se le instruye para que imagine las situaciones externas (p. Ej., conduciendo) en las que puede ocurrir. El procedimiento es el propio de la desensibilización in vivo en que hay que repetir el ejercicio hasta que la ansiedad remita. Sólo se debería pasar a otro ejercicio cuando se haya desensibilizado el anterior. Las limitaciones de esta técnica son las mismas que se observan en el tratamiento de exposición sin la aportación de técnicas de control de la ansiedad. Parece ser, según los estudios disponibles, que la exposición in vivo, exclusivamente, no obtiene tan buenos resultados como aquella que provee, además, de técnicas para controlar la ansiedad. En el caso del pánico queda por establecer en forma controlada si la exposición interoceptiva exclusivamente sería suficiente. De momento el estudio de ALBANY demuestra que el 75% de los pacientes tratados con técnicas cognitivas y conductuales han eliminado completamente las crisis de pánico, mientras en el grupo control -en lista de espera- hubo mejoría en sólo el 31 |
Blanca Isabel Soria ,experta en Terapia de Pareja y Mediación familiar y Sexóloga ,junto con un equipo de psicólogas ,trabaja en su consulta en ayudar a enfrentar los problemas de pareja de forma constructiva,a través ,primero de un conocimiento de los factores predisponentes,precipitantes y mantenedores de los mismos.Las más frecuentes son problemas de convivencia,con las familias de origen del otro,celos ,infidelidades,adaptación a hijos adolescentes ,malas relaciones sexuales,infertilidad...
sábado, 6 de agosto de 2016
Crisis de ansiedad o pánico.
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jueves, 3 de marzo de 2016
PAUTAS PARA CONVIVIR CON UNA PERSONA CON TRASTORNO NARCISISTA
CLAVES PARA CONVIVIR CON UNA PERSONA QUE PADECE UN TRASTORNO NARCISISTA DE LA PERSONALIDAD
- Terapia para ti, no para mí. Uno de los mayores dramas de este problema es que la persona que lo padece, generalmente no lo reconoce, ni ve la necesidad de tener que cambiar nada de su comportamiento. Como siempre son los demás los que tienen la culpa, él hace lo que tiene que hacer, lo correcto. Por ello, él se siente bien y suele ser el entorno el que más sufre este problema.
- Gigantes con pies de barro. Por una parte, se consideran únicos, excepcionales y superiores al resto de personas. Por otra parte, tienen una necesidad enorme de conseguir admiración, reconocimiento y sumisión por parte de los demás, por lo que no toleran las críticas en absoluto. Es una curiosa paradoja que pese a sus sentimientos de grandiosidad y considerarse muy superiores al resto de humanos, si sufren una crítica, se enfadan y les afecta sobremanera. Esto les convierte en plenamente dependientes de los demás para alcanzar su bienestar.
- Conoce el problema. Es primordial que leas sobre ello o acudas a un especialista que te pueda informar sobre el trastorno, esto hará que entiendas mejor el porqué de los comportamientos de tu novio, padre, madre, hermano,… Sabiendo porqué lo hace, no te afectará tanto. Recuerda que el problema psicológico, aunque seas tú la perjudicada, lo tiene él.
- Mantente firme. Es importante que plantees ciertas pautas en le relación, con respecto a la convivencia y al trato. Una persona narcisista es un provocador, es probable que te ponga a prueba y compruebe hasta dónde puede llegar. No te asustes, ni cambies tu actitud. Los límites para convivir con estas personas son tan necesarios para tu bienestar, como la admiración lo es para ellos. Por ello, es esencial que cumplas y mantengas las normas de convivencia que te has propuesto.
- No te enfades. Es muy fácil que te saquen de quicio, si aprendes a no personalizar y verlo como parte de su problema, tus enfados se reducirán y tu capacidad para solucionar los problemas con él- ella aumentará. Si te enfadas y pierdes el control no te estarás ayudando y estarás alimentando su sentimiento de poder.
- Paciencia. Los trastornos de personalidad son, de los problemas psicológicos, los que tienen una mejoría más lenta, y los que suponen más dificultades en el tratamiento. Dentro de las posibilidades de cambio, la persona puede, desde mejorar visiblemente en muchos ámbitos de su vida, hasta no cambiar nunca. Ajusta tus expectativas, cualquier mínimo cambio es positivo, ya es algo grande.
- Pasito a pasito. Premia los pequeños actos de empatía que haga, desde escucharte, preguntarte por tu día, etc... Recuerda que su única motivación es su beneficio propio, haz que le compense comportarse así.
- Busca apoyo. Convivir con alguien con esta problemática es difícil, si se trata de tu madre, tu padre, tu hermano, personas con las que te une un lazo difícil de romper, es probable que acarrees alguna secuela en tu propia estima. Del mismo modo que la pequeña piedra del zapato produce después de kilómetros de recorrido, llagas y heridas, nuestra autoestima también sufre heridas por el desgaste y la constante erosión emocional que produce la búsqueda de aprobación, sin respuesta, durante tantos años de convivencia. Puede que sientas que no vales, que eres estúpida, éstas son tus llagas y heridas. Hay personas que además de comprender el cuadro patológico de tu familiar comprenden lo que supone convivir con ello y te pueden ayudar. No dejes de buscar ayuda si estás en esta situación, pedir ayuda te hará más fuerte.
miércoles, 2 de marzo de 2016
AMOR NARCISISTA: LA PAREJA DESTRUCTIVA
Existen diversos estilos afectivos que llevan a tener experiencias perturbadoras, en algunas relaciones en pareja. Uno de estas formas afectivas, se refiere a las pautas de interacción que se establecen, cuando uno de los integrantes de la pareja, posee rasgos marcadamente narcisistas.
Las personas con rasgos narcisistas, difícilmente se encuentran comprometidas emocionalmente con la pareja. Aunque, pareciera todo lo contrario. Son fáciles de amar y de distinguirse, porque son personas extremadamente seductoras, encantadoras y detallistas. Generalmente son intuitivas, y detectan, lo que les gusta a su pareja, para dejar caer todo el peso de su encanto, logrando que la otra persona sienta una tremenda admiración y enamoramiento, recibiendo “exactamente” lo que siempre deseó recibir en afecto, palabras y atenciones. Es difícil no experimentar amor por alguien tan “hecho a la medida”
Sin embargo, en la medida que la relación avanza la otra parte de la pareja, empieza a sentir insatisfacción, puesto que ya no se siente tan deslumbrada, ante los destellos narcisistas. Por momentos la enceguecen y en otros, la anulan constantemente. Al principio son aduladores, haciendo comentarios de admiración hacia el aspecto de su pareja, y al cabo de un tiempo sólo se preocupan de su propia imagen personal, pidiendo a la otra persona que opine sobre su ropa, corte de pelo, aspecto, etc, esperando recibir constantemente halagos sobre su propia persona.
En el fondo de toda persona con rasgos altamente narcisistas existe una fuerte necesidad de admiración.Además de comportamientos que se engarzan en su formas de ser.
Generalmente se encuentran orientados hacia el exterior, mantienen una urgencia de status social, que sí por alguna razón, no lo han experimentado, sus parejas, serán una buena oportunidad para lograrlo. Según diversos autores, las parejas de esta índole, son devoradores de energía, de brillo y del otro, para reconfirmar ser alguien en su existencia. Intentan emparejarse con personas que por sus características personales, sociales o físicas le supongan un incremento de admiración de los otros hacia él, como si fueran poseedores de un trofeo.
Su reflejo en el otro tiene que ser nítido y de acuerdo como el o ella lo necesitan o desean. Por tanto, exigen ser vistos, una y otra vez, en el reflejo de la tan anhelada admiración. En todas las formas de la relación, pero en general, en las más sutiles, el narcisista tiene prioridad. Y encarna, en el más vil de los individuos, cuando por alguna razón, su pareja, no lo ve en primer lugar.
Dentro de sus características principales con las que su pareja tiene que lidiar, son un sentimiento de grandeza- él es el bueno, ella es la mejor-, un egocentrismo exagerado – mis cosas, mis intereses, no renuncian a nada -, además de una falta total de empatía en sus relaciones. No son capaces de ponerse en el lado del otro. Se encuentran en dificultades para poder responder a las demandas afectivas de los otros, por supuesto a los de su pareja menos.
Sí de pronto sientes que tu pareja como que no te escucha, que no toma en cuenta tus necesidades, que su diálogo es mejor que el tuyo, y que te envuelve con su labia sorprendentemente seductora. Además de no poder dar con el punto de tu insatisfacción. Seguramente te estás relacionando con una persona muy narcisista.
Se muestra impenetrable con sus sentimientos y no es capaz de un compromiso afectivo certero. Su terror al compromiso y a la intimidad, lo llevan a echar por la borda los buenos momentos, y lo que en principio parecía una persona llena de sentimientos, se revela con enormes carencias afectivas y de relación de pareja, cuando se sienten puestos en duda, cuando ven que su reflejo ya no produce la ansiada admiración, caen en el desencanto, la depresión, las dudas sobre sus sentimientos. El encanto que muestran en sociedad, por momentos se convierte en un desapego aislado en la intimidad. Agreden y separan mediante la pasividad y la hostilidad. Aunque anhelan una pareja, se sienten ahogados en la relación.
Como su nombre lo indica "Narciso", en la famosa fábula se encuentra enamorado de su propio reflejo, por ello, el narcisista se siente muy enamorado de sí mismo, pero en el fondo, se resiste a experimentar su propio vacío interno.
El narcisista representa personajes: el enamorado, el dadivoso, el experto, el más delicado y fino, pero también en lo íntimo, el más destructor y devastador, cuando se lo propone.
Frente a cualquier crítica salta porque no se le refleja lo que espera. Y entonces, arremete con furia ciega frente a la pareja, castigándola en todas las formas posibles, dada su incapacidad para comprender y entender al otro.
Las personas que establecen relaciones de amor narcisista sienten que se lo merecen todo, saben todo, entienden todo, valorizan todo de acuerdo a su escala, no hay entrada para nada, más que para lo suyo. Y jamás, va a reconocer frente a su pareja sentimientos de sufrimiento, se muestran estoicos, o culpan a su pareja de no saber comprenderle o hacerle sufrir.
Hablar sobre la relación en pareja y la manera de resolver los conflictos lo evaden, se muestran molestos, sienten que es una pérdida de tiempo y qué su pareja, debería ajustar sus expectativas.
Conocedores de su gran capacidad de eludir emociones, le dan vuelta y vuelta. La pareja se siente cada vez más desconcertada, confusa y para no variar, culpable por no cumplir con la imagen que esta pareja le devuelve. Porque, ¡eso, sí!, desean admiración y un reflejo intachable de sus personas; pero lo que ellos devuelven a su compañera o compañero son imágenes distorsionadas.
Son insaciables con su admiración. La pareja acaba por agotarse porque no se ve reconocida ante su mirada, ante sus ojos, ante sus palabras.
En el amor narcisista existen diversas constantes que se repiten sin cesar: aparentar, humillar, menospreciar, culpar, escupir cualquier vejación por el otro, pero sobre todo, un gran desprecio por la persona humana. En las relaciones sexuales se muestran egoístas, prepotentes, dispuestos a satisfacer sus propios deseos sin contar con su pareja, a la que le siguen interrogando sobre sus propias capacidades amatorias, su hombría, su talento sexual, esperando la confirmación de lo que ellos mismos creen.
En realidad lo que desprecian es su propia humanidad, la vulnerabilidad, la susceptibilidad y la experiencia de la afectividad. De ahí, su menosprecio frente a quién se comporta como un ser humano auténtico. En general, eligen parejas que cuenten con esta contraparte. Mientras la relación dure se alimentan de esa sensibilidad y energía, y una vez agotada, la sueltan dejándola con toda su indefensión.
Generalmente elijen hombres o mujeres que cuentan con amor a la vida, que tienen un sentido de pertenencia, que les agrada el mundo y que son sencillos y refinados, auténticos. Pero el paso del tiempo, acaba siempre siendo devastador para esa alegría de vivir…
Sí te encuentras viviendo en una relación de esta naturaleza, seguramente has sufrido bastante los avatares de la grandiosidad de tu pareja, y las formas insensibles de ser frente a ti…
Las relaciones en pareja con este tipo de amor en general, llevan a conductas destructivas para alguno de los dos. El narcisista jamás va a salir perdiendo, la otra parte de la pareja terminará con sentimientos de desconcierto, incomprensión sobre los motivos de desprecio por parte de su pareja, sentimiento de culpa y una importante devaluación de su autoestima.
¿Por qué algunas personas eligen parejas narcisistas?
Pareciera que la respuesta a esta pregunta se encuentra en una necesidad importante. Lo más importante para estas personas es dar, y están dispuestas a darlo todo por el amor a su hombre o mujer narcisista. Cuando ambos se encuentran pareciera que existe una química estupenda. Las sensaciones son placenteras, el enamoramiento se asegura, pero después, deja huellas de incalculable dolor.
Esto no quiere decir, que las personas con marcados rasgos narcisistas no encuentren pareja o que jamás podrán establecer una relación, pero los rasgos de personalidad de un narcisista son difíciles de sobrellevar para una persona equilibrada, sensible y mentalmente sana.
De manera que las formas excesivas de darle a la pareja, y las formas excesivas de recibir de la pareja, se vuelven altamente destructivas. Porque seamos honestos:
1.- Todos necesitamos que nuestra pareja nos reconozca.
2.- Todos necesitamos que nuestra pareja nos devuelva de la misma manera lo que le damos.
3.- Todos necesitamos que nuestra pareja, también sea un buen reflejo para nosotros.
4.- Todos necesitamos ser escuchados afectivamente por nuestra pareja.
De lo contrario, no estaríamos en una relación en pareja, quizá estaríamos en otro lado, pero no ahí… Pero sí deseas, una relación en pareja de calidad, en dónde ambos se sientan plenos y en una relación de equidad, seguramente el amor narcisista no es el camino…
Lo más importante es la experiencia de cada persona. Cada uno sabe en su interior, con quién realmente se está relacionando… y, cuál es el sentimiento que experimenta, de plenitud, de insatisfacción o de impotencia.
Ubicación:
Sevilla, Sevilla, España
lunes, 22 de febrero de 2016
Crisis de ansiedad o pánico.
| El pánico, la forma más escalofriante de ansiedad |
Isabel Larraburu. Psicóloga.
"Recuerdo aquel momento como si se tratara de una instantánea fotográfica., y lo que sentí en aquellos minutos ha permanecido en mí por encima, infinitamente por encima, de cualquiera de las sensaciones que haya podido tener en toda mi vida. Fue repentino e imprevisto, el corazón me dio un vuelco y me pareció que todo lo que había a mi alrededor se diluía, en ese instante un cúmulo de imágenes y percepciones se agolparon en mi cerebro dejándome aturdida. Me pegué a la pared tratando de frenar un proceso por el cual mi alma parecía a punto de desgajarse de mi cuerpo, daba la sensación de que iba a salir volando por los aires, de que iba a levitar.
El corazón me martilleaba el pecho, los coches, la calle , todo giraba a gran velocidad alrededor de mí, el paisaje se desdibujaba como una acuarela mojada y yo no entendía nada. Presa del horror más inefable, al fin lo comprendí todo: me moría. ¡Así que eso era lo que sentía una persona instantes antes de la muerte!" Con esos términos, una periodista de veintitrés años describía su primera crisis de pánico, nombre utilizado en psiquiatría para denominar el intenso ataque de ansiedad, súbito e inesperado, que produce la convicción de muerte inminente.
El origen.
Los orígenes del pánico se hallan en la mitología griega. Pan, el dios de la naturaleza, vivía en el campo controlando ríos, bosques, manantiales y animales de pastoreo. Pero su imagen no correspondía a la de la típica divinidad. Era bajito, con piernas de cabra, según cuentan, y, sobre todo, era tremendamente feo. Dormía la siesta en una cueva cerca del camino. Cuando un desgraciado viajero interrumpía su actividad, Pan irrumpía en el camino con un alarido que congelaba la sangre y que se decía que provocaba piloerección. Su chillido era tan intenso que había provocado la muerte a varios transeúntes. Ese violento e inesperado terror fue denominado pánico y era utilizado por Pan como arma para vencer a sus adversarios.
Aunque el mito de Pan se desvaneció con el paso del tiempo, su poder es experimentado a diario, aun en nuestros días por millones de personas. Para tener unos datos más precisos sobre la prevalencia del pánico en la población general, el National Institute of Mental Health (NIMH) ha trabajado desde el año 1980 en cinco zonas distintas del territorio de los Estados Unidos. Este estudio fue realizado con entrevistas estructuradas a más de 5000 individuos en cada localización. Los datos preliminares sorprenden con una prevalencia de entre 2.7% y 5.8%, lo cual indica que en los EEUU existe entre 9 y 15 millones de habitantes que padecen trastorno por crisis de pánico con o sin agorafobia, su complicación más habitual.
En cuanto a la proporción hombre/mujer, los estudios norteamericanos revelan que un 75% de los agorafóbicos son mujeres. No obstante, estos datos se deben interpretar con cautela. La evidencia demuestra cada vez más que el pánico afecta igualmente a hombres y mujeres y que las diferencias culturales son las que determinan la diversidad a la hora de afrontarla. Las mujeres tienden a evitar situaciones donde el pánico es más probable, lo cual puede conducirlas a desarrollar la agorafobia, mientras los hombres lo afrontan mediante el abuso de fármacos, alcohol u otras sustancias. No es, por tanto, infrecuente la combinación pánico –alcoholismo –depresión en varones.
La fenomenologia.
Una crisis de pánico se define como un período discreto de miedo intenso, inesperado y no relacionado con la exposición a una situación que habitualmente genere ansiedad. Se requiere la presencia de al menos cuatro de los síntomas siguientes en cada ataque: dificultad al respirar o sensación de sofoco, atragantamiento, náuseas, despersonalización, sensación de hormigueo en extremidades, oleadas de calor y de frío, dolor o molestias torácicas, miedo a morir súbitamente y miedo a enloquecer o actuar sin control.
Uno de los trastornos más frecuentemente relacionados con las crisis de pánico es la agorafobia, el temor a encontrarse en lugares o situaciones de las cuales puede ser difícil o embarazoso escapar, o en las que no es fácil obtener ayuda en el caso de tener una crisis de angustia. Como consecuencia, la persona restringe su capacidad de desplazamiento o necesita algún tipo de compañía cuando se encuentra fuera de casa. Las situaciones agorafóbicas más frecuentes son el hallarse solo fuera de casa, encontrarse entre una multitud o haciendo cola, pasar por encima de un puente, viajar en autobús, metro o coche.
Aunque las crisis de pánico presentan, todavía en la actualidad, diversas incógnitas para los especialistas en salud mental, la investigación en los campos biológicos y psicológicos ha aportado una serie de datos relevantes en las últimas décadas. Se ha establecido, en primer lugar, que el pánico es el resultado de una excesiva activación del sistema nervioso central, el cual regula la expresión bioconductual de miedo y sus síntomas somáticos asociados. Por otro lado, pueden existir áreas cerebrales implicadas en las que las funciones de los neurotransmisores sean anormales ( locus coeruleus, área parahipocámpica, receptores medulares). Se observa igualmente un umbral de excitación neuronal anormalmente disminuido. Podría haber, asimismo, anomalías en la síntesis, liberación, degradación o función receptora de los neurotransmisores. Estas anomalías, a su vez, podrían ser debidas a cambios en los procesos intercelulares en la fisiología de la membrana o microentorno extracelular.
La investigación psicológica aporta sus datos explicativos. El pánico puede ocurrir en respuesta a señales internas muy sutiles o a sensaciones físicas que pueden presentarse en cualquier momento y por cualquier razón. Se desarrolla una tendencia a la hipervigilancia ante dichas señales y a focalizar la atención en ellas si no se encuentra una explicación adecuada. Estas señales, a su vez, son interpretadas como amenaza biológica (muerte), mental ( locura o pérdida de conciencia), o conductual ( pérdida de control).
Las actividades que producen sensaciones asociadas con la activación del sistema nerviosos autónomo ( excitación sexual, ejercicio físico, emociones) pueden causar una reacción condicionada de pánico ( el condicionamiento interoceptivo) . Esto puede revestir especial gravedad en los casos en que la interpretación catastrófica de las sensaciones, junto con la pérdida de la capacidad para evaluar los síntomas de una manera realista, conducen a su intensificación mediante un círculo vicioso.
La explicación.
La explicación del fenómeno del pánico ha sido en esta última década un objeto de investigación muy preciado desde su categorización como diagnóstico distinto de otros estados de ansiedad. Tanto los científicos del ámbito de la psiquiatría –biologistas - como los de la psicología, han aportado información abundante, aunque no exhaustiva. Si se comparara la investigación del pánico al estudio de un juego de ajedrez por ordenador, los biologistas estarían intentando analizar la estructura activa de "hardware" y los científicos del campo de la psicología perseguirían entender mejor el programa. En el caso del pánico, ambos aspectos están relacionados y se comunican.
La indagación biológica ha contribuido, hasta la fecha, con la evidencia de una disfunción neurofisiológica central o periférica, así como de una disposición genética en estos pacientes. Pero no es posible calibrar un fenómeno de esta índole en su justa medida exclusivamente a la luz de sus substrato fisiológico, sin tener en cuenta los otros mecanismos de orden cognitivo, conductual y afectivo. Las teorías fisiológicas a escala biomolecular nunca son explicativas al completo en un síndrome psicológico. Los modelos biológicos deberían actuar como mecanismos de puente entre sus complejas manifestaciones.
Nos podríamos preguntar: ¿por qué en una familia genéticamente predispuesta al pánico no todos los miembros padecen la enfermedad?
¿ Cómo se explica la variabilidad entre personas que sufren una crisis o dos sin concederles especial atención y otras que escalan a una velocidad de vértigo hacia la total evitación de situaciones virtualmente "inseguras", cayendo en la agorafobia después del mismo número de ataques?
A estas cuestiones responden los psicólogos: nosotros percibimos diferencialmente lo que sucede en nuestro sistema, procesamos esta información de un modo más o menos alarmista y luego aprendemos. Aprendemos por condicionamiento clásico – aprendizaje reflejo- a evitar el supuesto peligro, es decir, situaciones que pueden desencadenar el pánico, o incluso sensaciones físicas, emociones, activación vegetativa, que pueden parecer el inicio del ataque. A partir de este momento empieza el proceso de exacerbación denominado "miedo al miedo".
La terapéutica.
La intervención terapéutica está en consonancia con los diversos modelos. Podemos acceder al sistema desde diversos puntos. La acción farmacológica que podríamos considerar tradicional es una de ellas. El trastorno por crisis de pánico responde adecuadamente a los fármacos antidepresivos, a diferencia de otros trastornos de ansiedad, como la ansiedad generalizada, que responde mejor a los ansiolíticos. En cuanto a las opciones psicológicas, desechadas hasta la fecha por la ausencia de resultados contrastados, cobran relieve a la luz de nueva evidencia empírica que demuestra la eficacia de técnicas cognitivas y conductuales , exclusivamente, en el tratamiento de las crisis de pánico.
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jueves, 24 de diciembre de 2015
Ser diferentes pero siendo auténticos
En ocasiones, es mejor que nos critiquen por ser diferentes a que nos comparen por habernos vuelto igual que los demás, igual a esos que un día nos rechazaron o despreciaron.
En la vida nos encontramos con muchas situaciones semejantes a la representada en este corto. La llegada de un “extraño” revoluciona a la comunidad, a esa clase de alumnos de secundaria, a ese bloque de vecinos o a ese pueblo de provincia.
Nuestros quince pajaritos azules descubren con alarma la llegada de ese pájaro grande y estrafalario. Lejos de integrarlo, lejos de responder a su amable saludo, inician un ensordecedor cuchicheo como pequeñas urracas conspirativas con sus ojos amenazantes.
- Ser diferente se ve a menudo como una amenaza porque supone en ocasiones tener que cuestionar nuestro propio modo de vida, aquello que está bajo control y nos ofrece seguridad.
- Ser parte de un grupo y cuidar de esas semejanzas comunes, es una aspiración para aquellos que están faltos de autoestima e identidad propia. Si adopto la del grupo y me dejo llevar me sentiré siempre seguro.
- Ser diferente no es un problema, en realidad el problema lo tienen los demás por negarse a aceptar otras perspectivas, y a enriquecerse de lo que no es igual a uno mismo.
- El ser diferente debería darnos la oportunidad de disfrutar siendo auténticos y únicos. Algo de lo que no muchas personas pueden enorgullecerse.

Hay un aspecto maravilloso en el corto de “For the birds”: la actitud de nuestro protagonista, el modo en que el pájaro extraño y estrafalario hace frente a este grupo de pájaros revoltosos que con tanto recelo ven su presencia en el tendido eléctrico.
Su sonrisa no se pierde en ningún instante, es su carta de presentación, su fuerza y su encanto. Esa sonrisa amable se vuelve a instantes en curiosa y también piadosa, porque ante un grupo de criaturas negativas y antipáticas, la única fuerza que vale es sin duda la bondad y la amabilidad.
No se da por vencido. No le importa que ninguno de esos pajarillos le devuelva el saludo, no le importa tampoco que no le hagan un hueco en el cable del tenido. Nuestro protagonista persiste y resiste, y aún más, lejos de ir poco a poco para romper el hielo, decide acomodarse justo en el centro de todos ellos.
Este acto atrevido despierta todo un sinfín de críticas, de cuchicheos, de aleteos molestos y adorables gestos que nos sacarán mil sonrisas y sonoras carcajadas. El desenlace, es uno de los más épicos de Pixar, de ahí que en el 2001 se le concediera un Oscar al mejor corto de animación, junto con un premio Annie y otra mención en el Festival de Sitges.
Fuente: La mente es maravillosaEn ocasiones, nuestro empeño por ser todos y iguales y semejantes, nos puede dejar en la “desnudez· de nuestras propias carencias. Algo que no ocurre con las personas auténticas donde ser diferente, es ser especial. “For the birds”, es una metáfora de esto mismo.
jueves, 1 de octubre de 2015
Perdonar al otro o a nosotros mismos es como eliminar el veneno que nos daña dentro
Cuando nos hacen daño la reacción inmediata y lógica es ir contra quien nos lo hizo; pero esta reacción lógica y natural tiene sus problemas. A corto plazo, tratas de impedir que el daño continúes; pero si la acción sigue por mucho tiempo, te puedes ver reflejado en la siguiente metáfora:
Cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Las hay que tienen la boca grande y hacen heridas inmensas. Una vez que te ha dejado de morder, curar una mordedura así puede ser largo y difícil; pero cualquier herida se cierra finalmente. Pero el problema es mucho peor si la serpiente es venenosa y, que aunque se ha ido, te deja un veneno dentro que impide que la herida se cierre. Los venenos más comunes son el de la venganza, el del ojo por ojo y el de buscar justicia y reparación por encima de todo. El veneno puede estar actuando durante muchos años y, por eso, la herida no se cierra, el dolor no cesa durante todo ese tiempo y tu vida pierde alegría, fuerza y energía.
Cada vez que piensas en la venganza, o la injusticia que te han hecho, la herida se abre y duele, porque recuerdas el daño que te han hecho y el recuerdo del sufrimiento te lleva a sentirlo de nuevo.
Sacar el veneno de tu cuerpo implica dejar de querer vengarse, en resumen, dejar de hacer conductas destructivas hacia quien te mordió. Como te decía, solamente pensando en la venganza el veneno se pone en marcha. Por eso, si quieres que la herida se cure, has de dejar los pensamientos voluntarios de venganza hacia quien te hizo daño.
Indudablemente tendrás que procurar que la serpiente no te vuelva a morder; pero para eso no tendrás que matarla, basta con evitarla o aprender a defenderte de ella o asegurarte de que lo que ha ocurrido ha sido una acción excepcional que no se volverá a repetir.
Sacar el veneno de tu cuerpo implica dejar de querer vengarse, en resumen, dejar de hacer conductas destructivas hacia quien te mordió. Como te decía, solamente pensando en la venganza el veneno se pone en marcha. Por eso, si quieres que la herida se cure, has de dejar los pensamientos voluntarios de venganza hacia quien te hizo daño.
Indudablemente tendrás que procurar que la serpiente no te vuelva a morder; pero para eso no tendrás que matarla, basta con evitarla o aprender a defenderte de ella o asegurarte de que lo que ha ocurrido ha sido una acción excepcional que no se volverá a repetir.
El proceso de perdón no implica el abandono de la búsqueda de la justicia ni de dejar de defender tus derechos, solamente se trata de no buscar en ello un desahogo emocional, que implique que la búsqueda de la justicia se convierta en el centro de tus acciones y que dificulte tu avance en otros de tus intereses, objetivos y valores.
Es una forma de presentar que el perdón es terapéutico, resaltando los procesos psicológicos que subyacen y los beneficios personales que tiene ejercerlo. De esta forma, se ven los efectos que tiene perdonar, dejando a un lado las connotaciones religiosas sociales, etc. que tiene la palabra perdón y que pueden hacer difícil entender que puede ser un proceso terapéutico.
Es una forma de presentar que el perdón es terapéutico, resaltando los procesos psicológicos que subyacen y los beneficios personales que tiene ejercerlo. De esta forma, se ven los efectos que tiene perdonar, dejando a un lado las connotaciones religiosas sociales, etc. que tiene la palabra perdón y que pueden hacer difícil entender que puede ser un proceso terapéutico.
Perdonar es un elemento relativamente nuevo en la terapia, comienza a introducirse tímidamente en los años 70; pero no es hasta los 90 cuando se empieza a considerar una herramienta terapéutica a tener en cuenta (Wade y otros, 2008), aunque sus efectos positivos en la persona son importantes.
Qué es el perdón
Hay consenso en considerar que perdonar consiste en un cambio de conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño, por otras constructivas. (McCullough, Worthington, y Rachal, 1997).
Algunos consideran que perdonar no solamente incluye que cesen las conductas dirigidas contra el ofensor, sino que incluye la realización de conductas positivas (Wade y otros, 2008). Como indica la metáfora anterior, es preciso dejar de pensar en las conductas destructivas; pero dejar de pensar en algo voluntaria y conscientemente lo único que consigue es incrementar su frecuencia (Wegner, 1994). En consecuencia, para perdonar, es preciso comprometerse, por el propio interés, con el pensamiento de querer lo mejor para esa persona, aunque sea solamente que recapacite y no vuelva a hacer daño a nadie o deseando que le vaya bien en la vida, etc.
Si el proceso de perdón se hace adecuadamente, se modificarán en consecuencia, los sentimientos hacia el ofensor. Aunque algunos autores consideran que son los sentimientos los que originan las conductas, desde la terapia de aceptación y compromiso se parte de que los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones no condicionan obligatoriamente la conducta y que lo importante es la modificación de la conducta, que finalmente llevará a un cambio en los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. Por eso, perdonar no es contingente con la reducción o cese total de los pensamientos o sentimientos “negativos”; no es un estado afectivo o una condición emocional ni una colección de pensamientos y sentimientos; perdonar es una conducta libremente elegida de compromiso y determinación (Zettle y Gird, 2008).
El perdón no es un acto único que se hace en un momento dado, es un proceso continuo que se puede ir profundizando y completando a lo largo del tiempo. Por eso se dan varios niveles de perdón (Case, 2005) que se pueden considerar como una serie de tareas que van completando e incrementando el proceso hasta llegar al grado más completo de perdón. El primer paso consiste en dejar de hacer conductas destructivas abiertas y explícitas (como cesar de buscar venganza o justicia, quejarse a todo el mundo, etc.) o encubiertas e implícitas (como desear conscientemente mal al agresor, rezar para que le pase algo malo, rumiar el daño que se ha recibido, etc.). El segundo nivel es hacer conductas positivas hacia él. Completando el perdón, si hay respuestas positivas por el perdonado, se puede llegar a restaurar la confianza en el agresor.
El considerar que hay distintos niveles de perdón, implica que para entender realmente en qué consiste el perdón terapéutico y hasta donde está dispuesto a llegar el paciente, sea necesario explicar con detalle el proceso que se va a seguir para perdonar.
Qué no es el perdón
Debido a que perdón es una palabra muy cargada ideológicamente, proponer los pacientes que realicen un proceso de perdón puede llevar a malos entendidos y por ello es necesario discutir con ellos qué es y qué no es el perdón que se propone. Algunos de los puntos que puede ser necesario aclarar son los siguientes:
El perdón no incluye obligatoriamente la reconciliación. Perdonar o pedir perdón son opciones personales que no necesitan de la colaboración de la otra persona. Sin embargo, la reconciliación es un proceso de dos. Por ejemplo, el perdón no supondrá nunca restaurar la relación con alguien que con mucha probabilidad pueda volver a hacer daño.
El perdón no implica olvidar lo que ha pasado. El olvido es un proceso involuntario que se irá dando, o no, en el tiempo. Solamente implica el cambio de conductas destructivas a positivas hacia el ofensor, tal y como se ha indicado. Hay ideas erróneas asociadas con el perdón como que si se perdona no se debe acordar o sentirse enfadado por lo ocurrido. Recordar algo es un proceso automático que responde a estímulos que se pueden encontrar en cualquier parte y los sentimientos que se tienen no se pueden modificar voluntariamente, las respuestas que damos cuando tenemos esos sentimientos si pueden llegar a ser voluntarias. El perdón no supone justificar la ofensa que se ha recibido ni minimizarla. La valoración del hecho será siempre negativa e injustificable, aunque no se busque justicia o se desee venganza.
El perdón del que se trata tampoco supone obligatoriamente levantar la pena al ofensor y que no sufra las consecuencias de sus actos. Para que se dé la reconciliación es preciso que el ofensor realice una restitución del daño que ha causado, si es posible, o cumpla la pena que la sociedad le imponga. El perdón consiste en que el que perdona deja de buscar activamente que se haga justicia y es parco en las consecuencias que busca y, sobre todo, no intenta obtener una descarga emocional junto con la justicia.
Perdonar no es síntoma de debilidad, porque no se trata de dar permiso al otro para que vuelva a hacer daño, sino que se puede perdonar cuidando de que no nos hagan daño de nuevo.
El proceso de perdonar
Cuando perdonar
Si el daño que se ha recibido trasciende el hecho emocional de sentirse injustamente tratado y lo único que se va a conseguir del otro es una compensación emocional, el perdón está plenamente indicado. También, cuando la búsqueda de la reparación se ha convertido en el centro de la vida del ofendido o interfiere con el seguimiento de otros valores, el perdón le permitirá poner distancia emocional para tener en cuenta todos los valores que está dejando de atender.
Hay que tener en cuenta que no se trata de ponerse en riesgo de que el daño se pueda volver a repetir.
Hay que tener en cuenta que no se trata de ponerse en riesgo de que el daño se pueda volver a repetir.
Primera etapa: análisis y reconocimiento del daño sufrido
El proceso comienza en la fase de análisis de lo ocurrido, incluyendo en ella el reconocimiento del daño que se ha recibido. Es preciso reconocer que se ha recibido un daño que duele, y aceptar ese dolor. Se hace de forma lo más objetiva posible, lo que va a permitir un distanciamiento emocional y los primeros pasos para entender las motivaciones del ofensor; lo que constituye un comienzo para construir una cierta empatía hacia el otro que está en la base del perdón. También han de analizarse con detalle las circunstancias que han influido para llevarle a hacernos daño, porque una atribución externa, inestable y específica del daño contribuye al perdón (Hall y Fincham, 2006) frente a la atribución interna, estable y global que lo dificulta.
Segunda etapa: elegir la opción de perdonar
El perdón para la víctima es una buena opción en cualquier caso. La metáfora del anzuelo que sugiere Steven Hayes, indica de forma clara cómo el no perdonar a alguien nos coloca en una situación permanente de sufrimiento y puede ayudar en este proceso:
Quien nos ha hecho daño nos ha clavado en un anzuelo que nos atraviesa las entrañas haciéndonos sentir un gran dolor. Queremos darle lo que se merece, tenemos ganas de hacerle sentir lo mismo y meterle a él en el mismo anzuelo, en un acto de justicia, que sufra lo mismo que nosotros. Si nos esforzamos en clavarle a él en el anzuelo, lo haremos teniendo muy presente el daño que nos ha hecho y cómo duele estar en el anzuelo donde él nos ha metido. Mientras lo metemos, o lo intentamos, nos quedaremos dentro del anzuelo. Si consiguiéramos meterle en el anzuelo, lo tendríamos entre nosotros y la punta, por lo que para salir nosotros tendremos que sacarle a él antes.
Si salimos del anzuelo, tendremos cuidado de no estar muy cerca de él porque nos puede volver a meter en el anzuelo y si alguna vez nos juntamos, tiene que ser con la confianza de que no nos va a volver a hacer daño.
Pero no es la opción de no sufrir lo que justifica una elección, sino una opción basada en los valores de la persona (Hayes y otros, 1999). Hay que tener en cuenta que se trata de valores como los define la terapia de aceptación y compromiso, es decir, como consecuencias deseadas a muy largo plazo, y no solamente como valores morales o éticos. Cuando hemos dejado a un lado esos valores para centrarnos en la venganza y se le hemos dedicado tiempo y recursos, pueden estar afectadas otras áreas de nuestra vida. Es en los valores afectados por la concentración en vengarnos en los que tenemos que encontrar los motivos para elegir perdonar.
Tercera etapa: aceptación del sufrimiento y de la rabia
El perdón no supone que se rechacen y esté mal tener sentimientos de rabia, de ira o deseos de venganza, aunque a algunos pueda parecerles que el perdón lo implica (Wade y otros, 2008). El problema no está en tener esos sentimientos o pensamientos, sino en actuar dejándose llevar por ellos en contra de los valores e intereses más importantes en ese momento (Hayes y otros, 1999). La propuesta de la terapia de aceptación y compromiso consiste en abrirse a sentir el sufrimiento, la rabia, la depresión y cualquier pensamiento, sentimiento, sensación o emoción que surja asociado al daño recibido, sin ninguna defensa; mientras nuestra acción sigue el compromiso con los valores que en ese momento sean más relevantes (Hayes y otros, 2004).
Si se ha elegido la opción del perdón, para llevarlo a cabo es preciso aceptar, en el sentido expuesto, los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. La aceptación es un proceso que finalmente lleva al cambio; pero hay que tener en cuenta que su objetivo no es la extinción del sufrimiento, sino el compromiso con los valores y el fortalecimiento de la acción comprometida con ellos (véase por ejemplo, García Higuera, 2007).
Cuarta etapa: establecer estrategias para autoprotegerse
El perdón no implica la aceptación incondicional del peligro de que ocurra de nuevo el ataque. En el análisis de lo ocurrido hay que incluir también la consideración de cómo los comportamientos de la víctima que han podido permitir o favorecer la ofensa (Case, 2005). Analizando lo que ha ocurrido, la víctima se puede dar cuenta de cuales eran los indicios que indicaban el peligro, lo que le dará más posibilidades de evitarlo en el futuro.
Quinta etapa: una expresión explícita de perdón
La expresión explícita del perdón es un paso importante aunque algunos pacientes puedan pensar que es solamente simbólico y vacío de contenido. Se pueden articular muchos ritos o maneras hacerlo. Esta acción explícita no es el final del proceso de perdón, sino la oficialización del inicio. Hay que tener en cuenta que es preciso volver a repetir el proceso siempre que sea necesario, ya que el ofendido no está libre de que le aparezcan de nuevo los, pensamientos, emociones, sensaciones y sentimientos asociados a la ofensa. Cada vez que surjan de nuevo los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones asociados a la ofensa, se tienen que repetir los pasos que sean necesarios.
viernes, 25 de septiembre de 2015
La culpa no es nunca del que confía, si no del que miente traicionando.
La confianza es como un puente de cristal frágil y transparente que eleva nuestra vida.Es probable que nos haya llevado mucho tiempo y mucho esfuerzo construirla, por lo que es un bien más que preciado.
Sin embargo, a pesar de que merece tanto trabajo y de que aporta tanta dicha, suele ser destruida en apenas unos segundos por nuestros descuidos, nuestros egoísmos y nuestras actitudes interesadas.
Cuando un sentimiento tan importante como la confianza se quiebra, algo en nuestro interior fallece. Esto ocurre porque la mentira pone en duda mil verdades, haciendo que nos cuestionemos incluso las experiencias que creíamos más francas.
Aunque la mentira pueda alcanzar límites insospechados, la verdad siempre acaba trascendiendo. Como se suele decir, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, pues sus palabras y sus actos no se sostienen.
De todas maneras, el hecho de que todo caiga por su propio peso no quiere decir que el golpe no vaya a resultar aparatoso y doloroso. De hecho, lo normal es que ocurra precisamente lo contrario y que la mentira y la traición supongan un antes y un después en nuestra vida.
“Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque su confianza no está en la rama…. Si no en sus propias alas…”
La responsabilidad en la traición
Es común escuchar eso de “Si te traicionan una vez es la culpa del otro, pero si te traicionan dos veces, es tu culpa”. Lo cierto es que a esta afirmación no le falta razón, pero sí que debemos cogerla con pinzas.
O sea, la idea es que aprendamos de nuestros errores y que no repitamos nuestros fallos, pero en último término nunca deberíamos sentirnos culpables de que nos engañen. ¿Cómo vamos a ser nosotros responsables de lo que hagan los demás? Es una locura.
No obstante, es probable que esto nos haya atormentado en más de una ocasión, haciéndonos sentir estúpidos por haber caído en las redes de alguien a “quien se venía venir”. En este sentido, resulta muy fácil atar cabos cuando ya se ha caído la casa y se ha despedazado.
Ni somos adivinos ni somos infalibles. Además, los demás tampoco son perfectos y en algunos casos tenemos que plantearnos que las buenas personas también cometen errores, por lo que también hay que estar abiertos a perdonar.
“Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas. Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma…. descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida”.
La herida emocional de la traición
La ingratitud y la traición nos duelen especialmente cuando afectan a las personas que queremos y tenemos alrededor, como nuestra pareja, nuestros amigos o nuestra familia. Cuando esto ocurre comienzan a actuar la rabia, la impotencia y la ira, haciendo que perdamos los papeles.
También es muy doloroso (y por desgracia demasiado común) que alguien haga algo por nosotros esperando solamente recibir algo más por nuestra parte. Este tipo de traición nos rompe los esquemas y sumerge nuestro mundo emocional en un auténtico caos.
No obstante, aunque el engaño nos duele en lo más profundo de nuestro corazón, no tiene mucho sentido que porque nos hayan herido cambiemos nuestra forma de ser y nos comportemos mal con otra gente a modo de venganza o despecho.
Por increíble que parezca, esta reacción es bastante común cuando la “herida emocional” está abierta e infectada. De la misma forma, tampoco porque nos la hayan jugado tenemos que vestir con una armadura ante todas las personas que nos rodean.Basta con que nos protejamos contra el traidor.
Cómo sobreponerse a la traición
La seguridad, la franqueza, la honestidad y la lealtad en nuestras relaciones son un pilar básico para mantener nuestro crecimiento. Sin embargo, las dudas, el recelo y la falsedad solo nos hacen daño, nos queman y nos envenenan.
Asimismo, si bien la desconfianza clava profundas espinas en nuestro interior, todos podemos superarlo. Es normal que ante estas situaciones crezca la duda y con ella el recelo, pero esto no debe constituir una oportunidad para desconfiar de los demás.
O sea, que puestos a que es probable que nos encontremos en más de una ocasión con esta situación tan indeseable, debemos entender que es una oportunidad para crecer como personas y elegir mejor a la gente de la que nos rodeamos
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